PS5 Pro: cinco cosas que debería tener la próxima consola de Sony

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Cuando hablamos de PS5 Pro no nos preguntamos si Sony lanzará dicha consola, sino cuándo lo hará. Esto tiene una explicación muy sencilla, y es que podemos dar por hecho que dicha consola acabará llegando al mercado tarde o temprano, y que jugará el mismo rol que tuvo PS4 Pro en la generación anterior, es decir, servirá como una renovación intergeneracional para evitar una fuga de usuarios al PC.

En el momento en el que una consola de nueva generación llega al mercado suele ofrecer un buen rendimiento, y un valor precio-prestaciones superior al de un PC equivalente. Sin embargo, con el paso del tiempo ese valor se va diluyendo debido a la llegada de nuevos componentes más potentes que hacen que los anteriores bajen de precio, y al final esa consola acaba quedando en una posición de inferioridad manifiesta incluso frente a un PC de gama baja.

Podríamos poner muchos ejemplos, pero PS4 es uno de los más recientes, y de los más claros. Cuando dicha consola llegó al mercado a finales de 2013 era comparable por prestaciones a un PC de gama media de la época, gracias a su GPU Radeon con 1.152 shaders, a sus 8 GB de GDDR5 unificada y a su CPU de 8 núcleos AMD Jaguar, que tenían un rendimiento bruto similar a un Core i3 basado en Sandy Bridge (2 núcleos y 4 hilos).

Con el paso del tiempo esa configuración quedó obsoleta, y Sony respondió con PS4 Pro, una consola que tenía una GPU el doble de potente que PS4, una CPU un poco más rápida y que venía con 1 GB de DDR3 adicional para liberar un poco de memoria GDDR5. Esa mejora de las especificaciones permitió dar un salto importante en calidad gráfica, y gracias al uso de la técnica de  «Checkerboard Rendering» pudo reescalar a 4K.

PS4 Pro

PS4 Pro, cortesía de iFixit.

La diferencia entre ambas no fue lo bastante grande como para representar un salto generacional, de hecho PS4 Pro mantuvo las carencias de PS4 a nivel de CPU y memoria, pero esto fue imprescindible para ofrecer una compatibilidad total entre ambas consolas y para facilitar las cosas a los desarrolladores. PS4 Pro superaba a PS4, pero no a PS5.

He querido contaros todo esto porque, al final, esa será en líneas generales la estrategia que seguirá Sony con PS5 Pro, una consola que será también una renovación intergeneracional de PS5, y que ofrecerá un rendimiento superior sin llegar a distanciarse demasiado de aquella para evitar problemas de compatibilidad.

Todo esto está muy claro, ¿pero entonces qué debería tener PS5 Pro para conseguir ese salto intergeneracional sin comprometer la compatibilidad ni complicar la vida a los desarrolladores? Pues es muy sencillo, una GPU más potente y una CPU un poco más rápida. Introducir cambios más profundos complicaría el mantenimiento de la compatibilidad y obligaría a los desarrolladores a hacer más trabajo.

Con ese planteamiento, habría un salto intergeneracional suficiente para justificar el lanzamiento de PS5 Pro, pero pasaría lo mismo que con PS4 Pro, y es que esas mejoras acabarían quedándose cortas muy pronto. Sony todavía no ha concretado nada en este sentido, así que tendremos que esperar, pero francamente es poco probable que se vaya a arriesgar a introducir cambios profundos a nivel de CPU ni a aumentar drásticamente la memoria unificada.

Cinco cosas que debería tener PS5 Pro para mejorar de verdad frente a PS5

Ya hemos visto una lectura realista y sensata de lo que podría ser PS5 Pro, pero ahora quiero compartir con vosotros un enfoque distinto y con un toque personal, en el que os voy a dar cinco claves que, en mi opinión, serían imprescindibles para que PS5 Pro realmente se convierta en una opción interesante frente a PS5, para que posicione mejor en el sector y para que tenga una mayor vida útil.

Algunas de estas claves ya las utilizó Microsoft para dar forma a Xbox One X, y la verdad es que fueron todo un acierto ya que esa consola ha demostrado que, a pesar del tiempo que tiene encima, todavía es capaz de mover juegos exigentes de una manera más que aceptable. Por ejemplo, dicha consola mueve Red Dead Redemption 2 en 4K nativo, mientras que PS4 Pro reescala desde una resolución de 1.920 x 2.160 píxeles.

1.-Una GPU mucho más potente

Lo que más mejoró Sony con PS4 Pro fue precisamente la GPU. No se produjo un salto relevante a nivel de arquitectura, ya que al final la base de PS4 era la arquitectura GCN 2.0 y la GPU de PS4 Pro dio el salto a GCN 4.0, pero en términos de potencia bruta la diferencia sí que fue enorme, y también pasó del nodo de 28 nm al de 16 nm. Como ya os he comentado al principio, la GPU de PS4 Pro dobló el número de shaders, que pasó de 1.152 a 2.304, y también dobló los motores de texturizado, que subieron de 72 a 144.

Creo que a grandes rasgos Sony va a seguir el mismo camino con PS5 Pro, y me parecería una decisión correcta, ya que creo que dicha consola necesita una GPU mucho más potente para marcar una diferencia sustancial y convertirse en una consola capaz de aguantar el tirón del PC cuando llegue al mercado. La nueva GPU de PS5 Pro podría doblar el rendimiento de la GPU de PS5, y para conseguirlo sin que el espacio a nivel de silicio ni las temperaturas de trabajo sean un problema debería utilizar un nodo de fabricación más avanzado, y una arquitectura mejorada.

No tengo claro si la compañía japonesa optará por utilizar una GPU de nueva generación basada en la arquitectura RDNA3 o si optará por un modelo más potente categorizado dentro de la generación actual, pero lo que sí podemos dar por seguro es que esta estará fabricada en el nodo de 5 nm de TSMC o en uno más avanzado. Todo dependerá del momento temporal en el que llegue al mercado.

Todavía no tenemos detalles sobre las posibles especificaciones de la nueva GPU de PS5 Pro, pero encajando informaciones y rumores que han ido apareciendo en los últimos meses, y partiendo de lo que vimos con PS4 Pro, creo que es muy probable que dicha consola acabe llegando con una GPU configurada con 4.096 shaders, 256 unidades de texturizado, 128 unidades de rasterizado y 64 unidades para acelerar trazado de rayos. No tendrá caché infinita por una cuestión de espacio a nivel de silicio, salvo que AMD sea capaz de apilarla en 3D.

¿Por qué es importante? Porque permitirá ofrecer un rendimiento gráfico muy superior. PS5 Pro debería ser capaz por fin de ofrecer 4K nativo y 60 FPS en todos los casos gracias a la mayor potencia de su GPU, aunque estoy convencido de que el trazado de rayos le seguirá quedando grande.

2.-Un SSD de mayor capacidad

Es curioso que una de las mejoras más importantes de PS5 haya sido también uno de sus mayores talones de Aquiles, el SSD. No me entendáis mal, dicha consola utiliza una unidad muy rápida y ha cuidado el sistema I/O para que pueda desarrollar todo su rendimiento de forma óptima, lo que reduce al mínimo los tiempos de carga y acaba por completo con los problemas de popping y de carga de elementos («assets») pesados.

Sin embargo, la unidad SSD que trae PS5 tiene una capacidad muy ajustada. De sus 825 GB quedan libres unos 660 GB para el usuario, una cifra que puede quedarse corta fácilmente si queremos mantener instalados tres o cuatro juegos. Por suerte, con la transición a la nueva generación se está acabando gradualmente con el uso de la técnica de repetición de datos en las instalaciones de juegos para contrarrestar la lenta velocidad de los discos duros, lo que reduce el espacio requerido para su instalación, pero aún así es una cantidad insuficiente para una consola de nueva generación.

PS5 Pro debería mejorar en este sentido, y podría haberlo de dos maneras. Una seria incluyendo un SSD igual de rápido que el del modelo original pero con al menos una capacidad de 1 TB, que sería el mínimo razonable, o podría doblar la capacidad del SSD de PS5, que sería sin duda lo ideal. A título personal, creo que por una cuestión de costes lo más probable es que Sony opte por la primera opción, es decir, por aumentar el SSD de PS5 Pro a 1 TB, la misma capacidad que traían los discos duros de PS4 Pro y Xbox One X.

Tener un SSD de mayor capacidad es beneficioso porque tenemos más margen de maniobra para la instalación de juegos. No tendremos que estar borrando y reinstalando con tanta frecuencia, y podremos dejar una pequeña cantidad de espacio libre para almacenar nuestros contenidos multimedia y nuestras partidas. Al final, ir justo de capacidad de almacenamiento nunca es bueno, y montar un nuevo SSD representa un gasto adicional.

Por qué es importante? Porque nos permitirá tener más juegos instalados y hará que la experiencia de usuario en general sea mucho más cómoda. No tendremos que estar borrando cosas con tanta frecuencia, ni perderemos tanto tiempo reinstalando juegos.

3.-Una CPU más rápida

Pero no basada en una nueva arquitectura, ya que esto complicaría mucho el mantenimiento de la compatibilidad con PS5, y daría quebraderos de cabeza a los desarrolladores. Por esta razón Sony mantuvo la arquitectura Jaguar en la CPU de PS4 Pro, y no pasó de los 8 núcleos, se limitó a subir la frecuencia de 1,6 GHz a 2,1,3 GHz. La diferencia que esto marcó en términos de rendimiento no fue muy grande, pero ayudó a mantener tasas de 30 FPS un poco más estables.

Utilizar una GPU mucho más potente permitirá a PS5 Pro mover juegos con fluidez a resoluciones más elevadas, y utilizar configuraciones gráficas más avanzadas, ¿pero qué mejoras notaremos con una CPU más rápida? En este caso estamos hablando de una mejora que debe afectar solo a las frecuencias de trabajo, es decir, dicha consola contaría también con una CPU Zen 2 de 8 núcleos y 16 hilos, pero podría trabajar a 4 GHz o más.

Subir la frecuencia de trabajo de los 3,5 GHz (frecuencia máxima variable) actuales a 4 GHz estables representaría una ganancia considerable, y contribuiría principalmente a incrementar y mejorar la estabilidad de la tasa de fotogramas por segundo en juegos. También sería necesario para alimentar a la nueva GPU de PS5 Pro y minimizar un posible cuello de botella, ya que como sabrán muchos de nuestros lectores una GPU muy potente acompañada de una CPU mediocre no puede desarrollar todo su potencial de forma óptima.

Precisamente por eso, por reducir el cuello de botella y acompañar adecuadamente a su nuevo núcleo gráfico, PS5 Pro debería contar con una CPU bastante más rápida que el modelo actual que monta PS5, aunque esté basado en la misma arquitectura y tenga las mismas limitaciones a nivel de FPU y caché L3 (solo tiene 8 MB). Si con PS4 Pro pudo subir más de 500 MHz no debería tener problema para superar los 4 GHz con la CPU de PS5 Pro.

¿Por qué es importante? En líneas generales porque hará que la CPU sea capaz de «alimentar» mejor a esa nueva GPU de la que ya hemos hablado, lo que debería minimizar el cuello de botella, y porque permitirá mantener tasas de fotogramas por segundo más elevadas y más estables, especialmente en resoluciones 1080p, que es donde más impacto tiene la CPU.

4.-Un sistema de refrigeración acorde a esas mejoras

Esto sería fundamental, porque a pesar de que la nueva APU que montará PS5 Pro estará fabricada en un nodo más avanzado, y que por tanto tendrá una mejor relación potencia-consumo, también será mucho más potente y generará más calor. Sony ha aprendido una lección muy valiosa con PS5, y debería aplicarlo al diseño y la refrigeración de PS5.

PS5 Pro debería contar con un sistema de refrigeración mejorado y adaptado a los nuevos componentes de esta consola, tanto en sus elementos pasivos (radiador, base y material de contacto para acelerar la transferencia de calor) como en sus elementos activos (ventilador). PS4 Pro fue más grande que PS4 precisamente por eso, porque necesitaba albergar un sistema de refrigeración más potente, y porque tenía que dejar más espacio para facilitar la disipación del calor.

Con esto en mente sí, puede que PS5 Pro acabe siendo más grande que PS5, y que cuente con un sistema de refrigeración más voluminoso y ruidos. Esto sería totalmente normal por todo lo que ya os he explicado. En cuanto al material conductivo, Sony ha utilizado metal líquido en PS5, y lo más normal sería que repitiera con ese material en PS5 Pro.

¿Por qué es importante? Es clave para la consola funcione de una manera estable, y también para que los componentes puedan desarrollar su máximo rendimiento. Un sistema de refrigeración inadecuado podría desembocar en una pérdida de rendimiento por «thermal throttling», y en casos extremos provocar bloqueos, reinicios y finalmente daños irreversibles a nivel de hardware.

5.-Más memoria unificada disponible

Las consolas no tienen una división rígida entre memoria RAM y memoria VRAM, lo que permite a los desarrolladores utilizar un único bloque de memoria unificada para la ejecución de sus juegos. Esto tiene la ventaja de que el acceso se realiza a través de un único bus, y de que se puede dedicar más o menos memoria a trabajar como RAM (datos para la CPU) o VRAM (datos y elementos para GPU) en función de las necesidades de cada juego.

Sin embargo, la cantidad de memoria que tiene PS5 está bastante ajustada, y si contamos lo que reserva la consola al sistema y a las aplicaciones la cantidad que tienen disponible los desarrolladores para juegos se reduce aún más. Sony no ha dado una cifra concreta, pero varios desarrolladores han apuntado a entre 2 GB y 2,5 GB, cifras que cuadran con lo que hemos visto en Xbox Series X.

En el mejor de los casos, PS5 tendría 14 GB libres de memoria unificada para juegos, que puede ser utilizada como hemos dicho para almacenar toda clase de datos. Un PC actual de gama media tiene 16 GB de RAM y 8 GB de memoria gráfica, ambas separadas en módulos de RAM y en chips integrados en una tarjeta gráfica, lo que nos deja una diferencia sustancial.

La falta de memoria ya fue un problema durante la etapa de PS4 y Xbox One, y PS4 Pro no logró solucionarlo en absoluto porque apenas liberó un poco de memoria unificada gracias a la integración de 1 GB de DDR3 dedicado al sistema. Para que esta situación no se repita, PS5 Pro debería aumentar la cantidad de memoria unificada disponible, como hizo en su momento Xbox One X, que pasó de los 8 GB de Xbox One a 12 GB de memoria. Creo que 24 GB de memoria unificada sería un salto razonable, aunque supondría un «disgusto» para los desarrolladores, que ya se quejaron de hecho de las diferencias entre Xbox Series S y Xbox Series X por la cantidad de memoria que integran.

¿Por qué es importante? Pues porque la memoria unificada almacena datos y elementos básicos para que los juegos funcionen correctamente. Si no tenemos suficiente memoria no podremos utilizar texturas de alta calidad, y tampoco será viable ejecutar juegos complejos con mundos muy amplios que requieran de una enorme cantidad de datos almacenados y disponibles en todo momento.

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